Paloma soy, de cantar oscuro,
de alas rotas y sin ensencia
perdida en tus labios preciosos,
buscando en tu pecho auxilio
donde se sienten crujir las hojas
de un verdáceo bosque de ninfas.
Donde habita el cuervo alegre,
donde olvido mi propia vida.
Y si te acaricia mi memoria
Soy cascada de la cintura al suelo
y si despiertas mi mariposa
elevas mi conciencia al cielo.
Pero... si te robase de tu alcoba
Y encadenase tu pecho al mío
¿Acogerías mi buena honra
para siempre entre tus latidos?
Y si esta noche besase quieta
el aroma que te perfuma
temblarían juntas mis piernas
sobre un mar de aguas profundas.
¿Y dirías entonces y después
que sigo siendo casta y pura
o asegurarías tu huella en mi piel
para el resto de nuestros días?
Te miré y eras una mácula más
un latido disonante como cualquier otro.
Te volví a mirar y te contemplé desnudo y bello
Como un adonis, un apolo de curvas praxitelianas,
con un alma rota y autocosida
y entonces dedicidas mis pupilas
se posaron en las tuyas, fijas.
Y tal que antes hubo indiferencia
a posterior hubo magnánimo fuego
porque entendí que era tu llanto
el motivo de mi desvelo
y era tu risa encantadora
el sonido de mi anhelo.
Y ahora que ya no le temo
a esta verdad delirante
a veces canto serenatas
que intentan acunarte
desde mi cama atormentada
exhausta de ansiar besarte
y te busco como la orilla a la playa
y te siento crecer en mi pecho.
Y por mucho que desisto
se enferma de amor mi cuerpo.
Pero supongamos que no te quiero
para que este amor duela menos.
Si vas a morderme la lengua
llévatela contigo, escóndela bien lejos
y más valiera que no la encontrase.
Si vas a arañar mi espalda
haz que bailen en ella cuchillos
y no te dejes ni un poquito
que si me das el chance
dejo tu esqueleto vacío.
Si vas a lanzarme llamaradas
es mi deber aconsejarte
que no dejes ni el pellejo
y te pido que sea lento
mientras puedas.
Si vas a hacerme daño
recuerda que el destino
señalará tus hombros
y pondrá una vía de sangre a tus pies
y tendrás que andar por ella
y te ahogará el viento
mientras corres hacia ninguna parte
porque de ti nunca podrás huir
ni de tu sombra ni del tiempo.
Así que te aconsejo, insecto de Dios,
quítame el aliento antes de que lo haga yo.
Tiene la niebla dos espadas:
Una penetra la carne muerta,
la otra hiere el cuerpo vivo.
Yo soy esa niebla, tú eres mi espada
eso es todo en el mundo del castigo.
Pero te amo y por eso te duelo
como el grito ahogado de algún perro,
y en las anchas llanuras del sol
nuestras lides son apenas leyendas.
Tú empujas el carro de fuego
y yo hostigo tus anchas espaldas
y te ordeno matar a los dioses.
A mis pies hay cabezas y estacas.
Tiene la niebla dagas de acero,
entre los juncos de la noche se disparan
y atraviesan el corazón del hombre
sajando su claridad meridiana.
Blanco candor infantil
trae consigo filosas navajas.
Hoy es el día, amor,
sembremos infierno en cada rincón
que ya las armas conocen el redil
y este mundo es de los dos.
Vasta esperanza que del río emanas
sangre inocente y huérfana
tú que hablas sin lengua
y sin pies caminas
y alivias la vida del más desgraciado.
¿Quién te acoge entre sus brazos,
quién roba aquello que anhelo
y te hace presa de un amor inmerecido?
Por favor, acuna mi pecho, te suplico.
Pues no hay suspiro más puro que el mío
Ningún cabello se enredaría más fuerte a tus ojos.
Ningúna hallarías más nívea que yo
para opacar con tu seda de araña
todos los males de este mundo atroz.
Me arrastro de rodillas, no sé caminar
y te busco desesperada, vivo en la basura
mientras lames la herida de quien no te llama.
Acuna mi dolor, ponle presto el velo
Que nadie te hallaría más alegre que yo.
Lléname, esperanza,
quiero beber de tu vientre ilusiones
y succionar los fluidos de tu cuello
que me libren de este erial de muerte
y eleven con dulzura desmedidas pasiones.
Quiero cubrir de rosas las frías sábanas,
hacer de esta primavera un mural
al viento cantar como ninfa solitaria,
sobre la bruma cimentar un hogar.
Quiero salir al bosque desnuda
gritar entre risas y hierba mojada
porque frágil soy y a la liviandad me debo
como pluma que cae con peso ligero.
Quiero navegar en el ancho mar
que mi timón se rompa y no hundirme,
saberme viva, no andar sobre mis huellas,
batir alegre estas alas de cisne.
Lanzar al aire una mochila de piedras
y caminar sin rumbo hacia la luz.
Tanto que podría abrir mi pecho
y cerrar la herida que abriste tú.
A quién tan joven
pertenece esta rosa.
Cuál niña mira a través del espejo.
La cubren auroras, arboladas perfectas
pero al mirar su rostro, súbita tiemblo.
Para qué existe el muro
donde cruza la orilla
el gusano de seda
que se come mi vida.
Están paradas y quietas
rezongan, se vuelven abruptas
mis ganas de cruzar pupilas
y casi se abre la flor desnuda
a tu súplica de acabar el collar
que rasgue fuerte la garganta
y dirija este suspirar
hacia una inmensa guadaña.
Pero está la niña de ojos grandes
ahí sentada frente al espejo
escucho bien sus bondades
y al acercarme casi me dejo.
Nada quiebra este relámpago
de actitudes mal encaradas
frente a la vid del deseo blanco
buscacorazones entre sus ramas.
Y no haya tallo, tampoco pulpa,
pero te arruya
como un mar horrendo
y te sienta junto a la estufa
y sabe tuya
la tempestad dentro.
Ayer abrí uno de mis cansados ojos
y allí estaba, yo sentada
o era la niña, yo ya no sé
pero los segundos fueron abrojos
y no pude huir ni tampoco ver.
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)