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miércoles, 18 de enero de 2017

Un mundo aparte: Plenitud



Rodeada, sí, estaba rodeada de gente que hacía que me sintiera mejor. No era la única que tenía problemas como esos. Es precioso sentir como la vítrea mirada de otro se refleja en ti de la misma forma que la tuya en la de otros ojos. Nuestros iris estaban rasgados, las pupilas agrisadas y nuestras pieles eran escamas de siluro muerto. Maravilloso, no era la única que vomitaba para no sentir la triple talla de pantalón imaginaria o que mentía constantemente para salvar su trasero ...ese enorme trasero de carne flácida y pasada de cocción. Hasta había logrado ser una persona normal a ojos ajenos, tener parejas y grupo de amigos.

NO. No eran mis amigos pero todos sabemos fingir bastante bien, sentirnos solos en un mundo repleto de personas es una sensación tan atroz que raspa garganta, afila huesos y nos hace ser fantasmas de la supervivencia, aunque ya estemos todos muertos. El conocimiento es la información más poderosa y el arma más tenaz que existe, por ello procuro saber cuanto más, mejor. Un diamante se quebrará con una prensa hidráulica al segundo del ceñido contacto, una magna nevada no cubrirá un camino de cloruro sódico, el ignorante no podrá desafiar la inteligencia del que mucho sabe, sólo si de nada entiende. Cuarenta y cinco golpes reflectantes, cuarenta y cinco de hambre y deshidratación primitiva y seis años de tortura psicológica con descansos para el café y unas cuantas carcajadas rompe-mandíbulas. Y así fue como lo perdí todo, el camino recto es aquel recorrido solitario y único que has de proteger con espada y escudo contra las larvas y los gusanos que se acercan a picar de tu carne muerta, querrán aprovechar los fluidos que tengas y los tejidos más blandos para poner sus huevos y destruirte al eclosionar éstos. Y yo perdí mi cuerpo cuando ya sólo restos de tuétano conformaban mi esencia de deshecho humanoide.
No volvería a prestarle confianza a nadie sin poner de por medio intereses de mi conveniencia pues ellos siempre me necesitarán de cualquier forma y yo sé cómo invertir esas necesidades a mi placer. Por mi paladar habrían pasado tantos sabores como derrotas e inequívocamente habría cedido a la manipulación sistemática para un beneficio exclusivamente propio, aunque eso es algo que sólo yo sabía. Me estaba congelando en un frigorífico de cerdos desgarrados y asesinados a sangre fría, me convertí en esa dura piedra de filos cortantes que no se erosiona y hiere sin perder su color tantas veces como le es posible. Había estado calcinándome a la vista de todos sin advertirlo y extraje el corazón delator que estaba volviendo loco a Poe de mi organismo. La adolescencia pasó sobre mí condenadamente lenta y ligeramente arrasadora. Pero toda bruma visceral, toda amurallada ciudad de piedra fue destruida por el encanto de unos ojos negros que me otearon en medio de un fingido mundo de argucias y enredos.

Encontré mi humanidad.

Parte III

Quería significar algo para ella, de algún modo quería dejar la manipulación sistemática y el interés egoista para poder reconocerme en sus ojos como la que realmente era yo, sin cercos de seguridad. Sin embargo el eslabón perdido del planeta no podía pretender encajar en la cadena de otra máquina sin tener en cuenta los peligros. Yo no era real, era un personaje de Tim Burton con unas ojeras de veinte centímetros de espesor y una vida pintada de gris con motas negras, cuadro puntillista pobre y antiestético.

Me gustaba y deseaba ser abrazada por ella más de lo que imaginaba pero no podía asumirlo, la capa de hielo no se derritió del todo hasta tiempo después.
Cerca de ocho personas intercambiaban palabras y sucesos entre ellos y yo estaba en ese rincón, sobria y quieta observando como de costumbre la precariedad de la raza humana en el proceso de la relación social. Repulsivos.

Y allí estaba ella junto al calor de una rubia ojizarca, arrojando calidez entre tanto frío entumecedor. ¿Por qué fui a contemplar cómo sus ojos sujetaban la mirada de otros? ¿Por qué no me alejé cuando aún estaba a tiempo? Dos razones emergen como monolitos en forma de respuesta: Me gustaba sufrir por causa propia, huía del dolor provocado por razones no buscadas pero hallaba hogar en el inducido por mí y por otra parte, se gestaba un sentimiento que no reconocía y al que no prestaba atención. El amor había clavado sus garras en mi férrea puerta y tenía intención de crecer y vivir ahí hasta que la abriese y pudiera entrar triunfalmente.

- No, has venido a pasarlo mal y a hacer lo de siempre, nada de distraerse y divertirse, se divierten aquellos que se ganan ese derecho y son capaces de ignorar la fiera realidad a la que están sometidas sus vidas en un mundo de necrópolis donde tú eres una semimuerta. No la mires, no es tu cometido esta noche, aunque es tan hermosa como la primera luz del día en diciembre, tan exquisita como un cerezo en flor. Quiero bañarme en sus tiernos labios y quedarme siempre ahí... -Mantuve esa lid en mi cabeza durante todo el tiempo que permanecí en aquel lugar y finalmente empecé a entender que lo que estaba ocurriendo se escapaba a mi control.

¡Vaya! La piedra filosa estaba abriendo una grieta para dejar que alguien socavara su interior y descubriese todos sus miedos y tragedias. Tenía que ser ella y nadie más aunque no supiera porqué. Odié no poder elegir y ser sometida a voluntad del sentimiento pero no quedaba otra que agachar la cabeza y aceptar la inesperada verdad. La sociópata de tercer grado no volvía a la carga esta vez, abrió su puerta y cedió la palabra al corazón el cual no decidía nada desde hacía más de tres años.

Me enamoré.

Yo comparto mis sueños y mi vida a disposición de la de otra persona si mi amor prevalece y se levanta por encima de todo, el vuelo no cesa si las alas de este ángel caído son reparadas. Y volaría tan alto como me dejasen las estrellas. Sin embargo nadie puede conturbar la naturaleza inestable y amarga de esta moribunda existencia, el abatimiento y la angustia son una parte viva y connatural de mi ser que estaría en la tripulación de la goleta y viajarían en la travesía durante la duración de la misma. Y ella lo aceptó, sin tratar de cambiarlo y demostró lo que nadie hubo probado antes.

Fui salvada.

Sus brazos ahora abrazan mi rota figura y me reconozco en sus ojos, veo el esbozo de alma de mi interior a través de sus pupilas y descanso en paz y con placidez sobre sus latidos que a su vez repican junto a los míos. Ya no hay hielo a mi alrededor para ella pues si alza la mano consigue atravesar esa pétrea muralla que tantos años estuvo reforzándose, puede pasar con toda la confianza de un verdadero hogar y quedarse cuanto quiera pues ya no echaré a correr ni hundiré el rostro en mis rodillas. Y ahora somos un sólo aliento, una única tragicomedia de dos personajes de cuya obra son protagonistas.
No obstante yo continúo en mi sofocante congoja de vuelta a las garras cercenadoras de ese falso hogar que tenía junto a unos padres que me ofrecían un amor infravalorado por mi obstinada sociopatía insensibilizadora de la zona de emociones de mi cerebro desde hacía demasiado tiempo.

Yo no he cambiado, sigo colisionando con el mundo hediondo que me rodea y observando con displicencia los cadáveres del cementerio que cavan sus propias tumbas, minuto a minuto, erigiendo una inmensa nube de polvo y gas que asfixia sin cesar. Pero yo no soy como ellos, todavía se puede vislumbrar con cautelosa proximidad el asco y el menosprecio que alojan mis ojos. Y mientras, añoro, amo, deseo, observo, sollozo, odio, abrazo, beso y uno mi cuerpo y alma junto a otro ángel caído que añora, ama, desea, observa, solloza, odia, abraza y besa al tiempo que teje el hilo del destino que nos une para siempre, en un edén mundo aparte del cementerio de cadáveres de lugares vertedero y sucias sonrisas, perversiones, patrañas y horrores localizados.

Vivimos en un mundo aparte. El puzzle de ambas se ha completado sin adhesivo ni uso de fuerza. Natural, esperanzado, sincero.




Empiezo a respirar

por primera vez.

jueves, 12 de enero de 2017

Un mundo aparte: Colisión




Negro, todo se cubrió de oscuridad tiempo ha. Recuerdo cómo mamá me abrazaba cuando lloraba por no querer ir al colegio, allí no estaba segura. Notaba sus miradas de desprecio hacia mí cuando me veían llegar con ese olor a champú de bebé y aquellas camisetas ajustadas que no dejaban dudas sobre mi evidente exceso de grasa. Yo era unas ojeras y unos dientes amarillos que solía irritarse con facilidad cuando me agredían verbalmente. Nunca supe enfrentar la presión con inteligencia como haría años después. Quería huir, no volver a entrar en esas pequeñas aulas para insectos carnívoros y herbívoros donde sólo sobrevivían los más fuertes. Yo era herbívora, débil y asustadiza. Necesitaba contar que con sólo diez años sabía lo que era una depresión porque estaba viviéndola, que las niñas me parecían tan atractivas como los niños cuando sonreían tímidamente, que cuando llegaba a casa sólo quería estar en un pequeño cuarto asfixiante para no ver a nadie y llorar tranquila, que no era fuerte ni tenía suficiente valor como para sobrevivir sola, sabía lo que era la soledad y me aterraba vivir siempre así.
Ahora ya no me aterra, con diecinueve años nos conocemos sobradamente y nos hemos acostumbrado la una a la otra. Me aterraba con diez años porque quería vivir, soñar, reír y en cambio ahora siento comodidad y sosiego pues mi meta difiere mucho de aquellos días. Me hice mayor demasiado pronto y lo negué a capa y espada forzando en mí lo que observaba en los demás como: cosas de niños, cosas de pre-adolescentes, cosas de adolescentes...y me cansé como se cansa el payaso de contar chistes, como se cansa la prostituta de que la humillen por veinte euros. Cambié como los árboles de hoja caduca, llegó el otoño y se me cayeron hasta las ramas. Y allí se quedaron inermes en el suelo todas mis hojas: Hojas esperanzas, hojas sueños, hojas alegría, hojas futuro, hojas vida.


Parte II



Primer cuatrimestre del primer año de carrera y los problemas se han agolpado de tal manera que se me hace imposible respirar. Estoy ciega como los protagonistas de José Saramago, hambrienta como Tántalo, furiosa como Hera y ...es ridículo vivir en un mundo al que no le importa nada en absoluto si tienes hambre, si estás feliz o si tienes un insomnio que provoca una serie de catastróficas consecuencias cada día que avanza.

Somos una carcasa que espera ser decorada de forma tal que consiga agradar a alguien que no necesariamente seamos nosotros, examinan el material por fuera y nos compran si les interesa. Somos esas piezas que habitan en un puzzle de cristal donde tenemos que diseñarnos de forma que encajemos para que éste se complete perfectamente. Si te toca ser pieza central no podrás tener ningún lado informe, por ejemplo. Mi puzzle soy yo misma y tengo que recoger las piezas que se estrellan contra el suelo cada día, ponerles pegamento y apretar para que simulen encajar pero no siempre lo consigo y en ocasiones, cuando caen no tengo fuerzas para inclinarme y recogerlas. Permanezco rota, quieta, perdida.

Febrero ha llegado para instalarse fuerte en mi corazón, demasiada suciedad me salpicó todo este tiempo atrás y ahora que un nuevo mes da comienzo por alguna razón desconocida siento que dejará de salpicarme o de lo contrario acabaré ahogándome con toda la inmundicia de esta  necrópolis cuyas tumbas tienen flores de plástico y todas exactamente iguales.
Las reuniones amistosas no llenan el vacío que tiene mi carcasa, si tuviera una. ¿Por qué todos tienen tantos problemas, se quejan y no hacen nada por solucionarlos? El quiebre de una uña no puede ser un motivo sólido para tener que llorar y lamentarse durante días y verse incapacitado de realizar las tareas domésticas. Una ducha fría en invierno no es razón lógica para una anemia que realmente sólo es fatiga por sedentarismo. ¿Con tanta mentira y tanto exacerbado sufrimiento cómo pretenden forjar amistad entre ellos? Y sin embargo para mi sorpresa me incluyen en ese círculo de envidia y compasión cuando es evidente que yo no pertenezco a esa hermandad de sueños rotos y penitencias eternas. (Siempre sola) Retumba en mi cabeza, empiezo a sentir terror ¿Otra vez? Creía que había aprendido a sobrevivir sin nadie excepto mi propia existencia de semicadáver latente.
Demasiado irreal como para pertenecer a mi mundo. Se corromperán, ensuciarán y mutilarán entre ellos tarde o temprano. Voy a observar muy de cerca, quiero conocer las debilidades que construyen la sociedad tal y como es.

Estoy rodeada de gente y sin embargo me siento tan sola como cuando salgo a pasear en la noche y me vuelvo distante como los astros o inmaterial como la tristeza. Nada me conmueve, nada me impresiona, estoy anclada a mi letargo de infortunio y miseria. En esta noche de febrero podría estar haciendo cualquier otra cosa y sin embargo estoy en esta sala, inquieta sin parar de levantarme para que no sólo mi cuerpo, sino también mis pensamientos se aireen. Cuantas risas de plástico, cuanto contacto falto de sinceridad, cuantas palabras carentes de significado. Todo se esfuma en el tiempo al igual que nuestras vidas desprovistas de seguridad y protección ante los colmillos de cientos de manadas de lobos que esperan atacar en cuanto bajes la guardia. No seré yo una de sus víctimas esta noche, será esa rata de cloaca que debía tres mil euros en cocaína a su camello. Ratas, animales infectos, plagas de enfermos.

Y justo cuando no puedo seguir fingiendo y estoy apunto de ser descubierta por alguno de los presentes me retiro apresuradamente a un dormitorio. Cálmate, sigue jugando en esta partida de ajedrez y podrás volver a la prisión una vez más sin ser interrogada acerca de tu estado anímico hoy. -Me digo a mí misma mientras busco la quietud en el espejo que me refleja. -

- ¡Y entonces el clamor del cielo irrumpió sobre las poderosas yeguas de Diomedes y partió a las salvajes fieras en dos! Y así es como Platón llegó a ser presidente de Macedonia. -Grito mientras me dirijo de nuevo a la sala donde todos están esperando a que continúe la disparatada afirmación que acabo de soltar, sus rostros llenos de complicidad y comodidad me tranquilizan. Ningún escándalo se avecina con mi necesidad de soltar estas insensateces, están acostumbrados y me gusta.

- ¿De quién es esa voz de anuncio? -Pregunta alguien buscando con su voz la mía sin saberlo. Pensé que pasaría desapercibida como siempre.
- Soy yo, supongo. -Contesto antes de que esa voz insista y provoque la ruptura del coloquio entre todos los cadáveres del lugar.

Quien diría que aquella fría noche de Febrero donde mi desprecio por todos y todo superaba cualquier atisbo de amabilidad, haría menguar mi inmisericorde visión del cementerio plastificado en el que vivía y salvaría a alguien de aquel precipicio en el que colocaba de forma automática a todos y cada uno de los muertos. (También ella me salvó a mí sin saberlo).
Nadie me anunció que caería atrapada en un puzzle que no era el mío, que saldría de mi inminente fin en el enfermizo cementerio, que encontraría mi lugar y saldría de la espiral inversa de mi escuálida vida.


Fue ...
tan inesperado ...

lunes, 9 de enero de 2017

Un mundo aparte: Heridas




Gris, la infancia ya ocurrida que mis años dejaron atrás. Sin embargo aún noto como persiste la pesadilla que fue para mí aquel día en que exaltada y empapada en sudor me desperté gritando ese nombre: Marina Inmaculada.
¿Y quién era ella? ¿Por qué tal terror cuando aparecía su rostro en mis gélidos sueños?
Ella sabía que la odiaba, sí, y sentía un rechazo innato hacia todo lo que completaba su ser.

Ella era yo, ahora todos lo saben.

PARTE I

Hoy es un domingo de paletas grises, escalas descendentes hasta llegar al negro que se manifiesta bruscamente en las noches, justo cuando no pueden distinguirlo entre la oscuridad propia del mundo. Salgo a pasear con mi gabardina negra y mi sombrero de jubilado gruñón y con mis pasos contemplo la fría estación de invierno en las calles de este lugar tan solitario y lleno de gente. Están vacíos, ellos no pueden sentirme y me camuflo entre las sombras del desprecio y la suciedad de la ciudad. Se escuchan algunos gemidos de parejas que se follan sin amarse, ella probablemente esté pensando en cómo va a jugar sus cartas para estar con ese otro chico de metro noventa que conoció en la discoteca y le ofrecía la posibilidad de sexo desenfrenado en encuentros ocasionales y gime de placer al pensarlo mientras el chico imagina que esa mejor amiga a la que lleva años queriendo tirarse está en ese momento encarnada en ese cuerpo y se retuerce de placer por él.
Me producen náuseas. Son repugnantes.
Avanzo calle arriba en línea recta por esa misma acera y una luz un poco más adelante me deja adivinar que a las tres y cinco de la mañana, hora actual, alguien tampoco puede conciliar el sueño. Se escuchan llantos mientras me voy aproximando. Es una mujer, cuarenta kilos de piel y hueso -Debería cerrar esas preciosas cortinas blancas- que se duele por no ser lo que las grandes marcas esperan de ella, cuando le dicen qué ha de hacer para estar guapa y aparentemente saludable todos y cada uno de los anuncios televisivos, etiquetas, vallas publicitarias, compañeras de clase, profesoras, vecinos, amigas, desconocidos, enfermedad.
Nada la salvará de ella misma.
Sigo caminando, un estremecedor viento amenaza con aterir mis huesos pero apenas puedo sentir nada, en medio del caos de la noche sólo se siente un vacío inmenso, abismal y continental que cava una fosa profunda en el silencio de la madrugada, empezando por el cielo estrellado. ¿No es hermoso? Se puede distinguir el ruido natural del mundo cuando todos callan, esa hormiga que muere desorientada expulsada de la colonia en la que enferma, no lograba llevar beneficios para todos. Yo soy como ella, soy expulsada del jardín del Edén por no saber cómo satisfacer a los demás y me quedo aturdida mientras veo mi vida pasar sobre mí. El tiempo que se va nunca se recupera y corre en nuestra contra, mañana tendré la piel un poco más envejecida y aparecerá una grieta en alguna parte de mi rostro que anunciará la llegada de una vejez futura de la que nadie escapará. No existe crema que cure la vejez, no existe operación que consiga que vivas cien años más. Todo son mentiras que nos obligan a incluir en nuestras vidas como si fuese nuestro documento nacional de identidad. ¿Somos auténticos o sólo somos usados para satisfacer intereses?
He estado apunto de tropezarme con una lata de la marca Coca-Cola que algún adolescente seguidor del tipo de música que le permite acercar su pelvis con la pelvis de alguna chica ha dejado tirada después de ser usada. Está abandonada, esperando a que alguien la recoja y la lleve a su destino que...¿Cuál es ese destino? Esa lata nunca perecerá, podremos morir todos y esa estúpida lata seguirá ahí, convertida en residuos contaminantes para el planeta. El consumismo en masa nos enterrará a todos junto con el hedor de la fornicación y la corrupción sociopolítica de cada individuo. Nadie está libre de su destino.
He tenido suficiente por hoy, volveré a ese lugar al que por convención he de llamar casa. Yo antes tenía una casa en la que vivía junto con mis padres y una habitación en la que estuve pudriéndome durante intensos años, como aquella manzana incrustada en el hediondo cuerpo de Gregor Samsa, sin embargo aquí también me licúo cual cadáver. Antes de entrar al edificio encuentro sentados a dos chavales en el tranco del portal, quizás estén ebrios o atormentados por haber violado a esa chica de vestido rojo  y tacones altos que les dirigió una sonrisa encantadora. El arte de la seducción se define en el tiempo que te toma tener a alguien bajo el control de tus manos y tus caderas. No saludaré antes de entrar, no significan nada para mí.
El chico rubio de la derecha alza la cabeza en busca del origen del ruido de llaves mientras su amigo aún sigue conmocionado por la noche y no se mueve ni un centímetro. El rubio ha visto la decadencia en mis ojos, el asco en mi rostro y sabe que no es un buen momento para entablar cualquier contacto con esta mujer de diecinueve años cansada de existir en un mundo de mierda. Se aparta y deja que entre con la mesura que me precede. Esta noche no usaré el ascensor, quiero tardar en cruzar el umbral de la puerta de mi falso hogar al que suelo llamar prisión en mis pensamientos.
Un ambiente salado y agrio me recibe con los brazos abiertos pues la soledad siempre está dispuesta a abrazarte y cuanto más desanimada te nota más fuerte ataca tu cuerpo y tu alma, si es que yo tengo de eso.
Al fin ha amanecido, lo sé porque a pesar de habitar un dormitorio sin posibilidad de luz natural, los vecinos del piso de arriba empiezan a discutir, nunca tienen suficiente, nunca basta. El reloj ha dado ya las siete y veinte, tengo cuarenta minutos para llegar a tiempo a la universidad, territorio hostil repleto de personas mugre y otras tantas cadáveres. Estamos en la morgue esperando fuera a nuestros  médicos forenses para meternos cada uno en nuestra cámara frigorífica cuya identificación son apellidos, nombre y una serie de números que devoran nuestra esencia de humanos y nos convierten en eso, datos, estadísticas, cuentas... sólo somos un montón de números.

-¿Qué tal la mañana chicos? Odio madrugar, a estas horas sólo un café calentito alivia la dura pena de asistir a esta pedante clase. - Ahí está, la delegada de clase, una joven alta delgada y con el cabello largo y lacio de color avellana que estaría dispuesta a chuparle la polla a cualquier profesor con tal de obtener matrícula y regresar a casa de sus padres con unos números que hablan por ella y la definen como una excelente estudiante, será el orgullo de la familia, tendrá unas idílicas vacaciones...Zorra mentirosa. Tu mundo es una mentira aún más grande que las hazañas académicas que dices tener, carroña de pederasta.

-Yo estoy pensando en hacer huelga para que nos quiten horas lectivas de encima, ¡que no podemos más! - Y aquí tenemos al compañero que es un revolucionario y un rebelde delante de un público cuando se abre el telón y no es capaz ni de mantener la mirada a ningún profesor más de diez segundos, su inseguridad le delata pero le gusta esa chica que se sienta a su lado y quiere cautivarla siguiendo el modelo de hombre viril que la sociedad establece y se adhirió en su cabeza como correcto.
Demasiado triste.

Cada uno tiene un papel en esta función y no puede salirse de los esquemas que lo representan pero ¿dónde quedo yo? Ah claro, yo soy la extra de la obra, la que no encaja y tiene que estar fuera mirando, escuchando y callando. Nunca seré como ellos quieren que sea, no tengo dignidad pero todavía tengo la habilidad de pensar y no dejaré que la obtención de unos números mayores de cuatro se conviertan en todo lo que deseo en mi vida durante lo que dure el curso. Sé que voy a suspender porque son las personas normales las que logran esas cosas, la gente como yo vive en un agujero hobbit, medita y espera a que le llegue su hora con entusiasmo y ansiedad. 

Al fin han terminado las clases por hoy, los lunes son insoportables con tantas horas de prácticas, no comprendo que obliguen a los alumnos a realizar siempre todos los ejercicios en grupo, unos sólo callan y copian lo que el líder de ese grupo de cuatro está dictando y otros hablan de cómo le sangran el bolsillo a sus padres los fines de semana con cada borrachera. Se supone que esto promueve el trabajo en equipo y la cooperación y colaboración de varias ideas en común para sacar una única. Ellos creen que lo hacen bien, nunca se paran a pensar en cómo funcionan las cosas.
Patéticos.

Hoy me iré a la prisión antes, no me apetece hablar con esas hormonas con cara de personas que sólo piensan en ellos mismos y sus propios intereses. Hedonistas natos de carencias y faltas que suplen sus problemas con fingidas personalidades dentro de pretenciosos círculos de más personas embuste.
Yo no soy como ellos, no me representan sus modelos de sociabilidad o sus modas efímeras sin rumbo.
Y así tropezará el lunes con el martes y volveremos dentro de siete días al mismo punto en el que estamos. En un edificio sótano al Este de la desdicha, entre el miedo y la opresión, colocándonos nuestras batas de muerto cada mañana con olor a muerte preparados para ingresar en la ya acostumbrada silla cámara frigorífica de las aulas morgue.

Tan decadente...

domingo, 4 de diciembre de 2016

Reencuentro inesperado

- Siempre hemos estado tan condicionados en las pocas palabras que hemos cruzado que me pregunto de qué podríamos hablar ahora en estos momentos que nada nos ata, observa o presiona, Señor No siento nada. -Dijo con una mala imitación del chico que se encontraba al otro lado de la sala y finalmente sonriendo con una sonrisa dulce e irresistible, de esas que deberían estar expuestas en un museo para que todo aquel que la contemplara se enamorase de ella.

- Tampoco tengo interés en averiguarlo, por mí esto es todo por hoy, habla tú si gustas pues yo ya no tengo nada más que hablar contigo. Además me has interrumpido, estaba apunto de hacer algo importante.

- Y no sería...¿respirar? ¿O tal vez parpadear? Dijo burlona la chica.
El muchacho soltó un gruñido y volvió la cara a un lado con una mueca de indiferencia.
Tú siempre tan amable...o eres odioso hasta extremos o eres excitante como nadie. Te ayudaré a quitar esas grapas que tienes en la cara de poeta maldito que al final se te van a quedar todos los músculos tiesos de forma irreversible.

- ¿Puedes simplemente dejar de ser tan molesta? Increpó el chico que mostraba en su tono cansancio mental. -Sólo eso, ¿Vale?

- ¿Siempre estás igual?! Me pregunto si tendrás término medio y cuál será... Respondió herida la muchacha.

- Así que me preguntas cuál es el término medio...Probablemente ni siquiera tú lo sepas y aún así te atreves a interpelarme.  No creo en términos medios y tú sólo finges encontrarlos, como hacen todos... juego sucio por parte de la gente, ¿no crees? Para mí es morder o ser mordido sin más pero para eso está la justicia quienes tienen la obligación de encontrar algo justo para que la balanza esté siempre en favor de ambos jugadores mínimamente.

- Eres demasiado borde para una simple pregunta, ¿Eres así siempre con todo el mundo? Es imposible entablar una conversación amistosa contigo en las condiciones que imperas porque apuesto a que gustas de ser tan frío con los demás y en cambio no soportas lo mismo hacia ti. Si quieres formar parte de una sociedad debes adaptarte a ciertas normas básicas.

- Las leyes son para los débiles.

-Las leyes nos hacen humanos, no obstante cada uno tiene la elección de cumplirlas o no, ¿Acaso te han puesto una pistola en la cabeza para que no tengas la libertad de elegir? -La chica empezó a alzar la voz airadamente.

- Yo hace tiempo que dejé de ser humano y tampoco es que lo eche de menos. Preocúpate de otros que sientan todavía algo fieramente humano, y ahora tengo asuntos que atender....¿si me disculpas?

- Aún sigues siendo tan molesto como antaño, echaba de menos tu carácter tan particular. Aunque veo que sigues escondiéndote tras esa capa negra de material fosilizado. Espero que esos asuntos no sean deprimirte mirando sentado en tu famoso sillón beige a la gente que pasa por la calle a través de la ventana porque en ese caso tu asunto mayor voy a pasar a ser yo, ya que tendrás que ingeniártelas para echarme de aquí.

-Eres francamente insoportable Lorie, no sé como pudo salir contigo Allan. Habría que verlo jugando a sus juegos online contigo de fondo en la misma sala, realmente hasta el timbre de tu voz es molesto.

- Pues si tanto me odias ¿por qué llevas hablando conmigo todo este rato y aún no estoy en la puerta hablando sola? Si hubieses querido yo ya me habría ido pero no soportas no estar cerca de mí, incluso discutir conmigo te causa placer bajo esa insípida momia de gesto que tienes en el rostro usualmente. Negarlo no hará que desaparezca, te lo advierto.
Donnie apretó los puños y se encogió de hombros tras escuchar tal acusación pues para su desgracia todo lo que Lorie había dicho era cierto y odiaba con todas sus fuerzas que fuera así. Había estado enamorado de esa mujer desde que Allan le dejó a solas con ella cinco minutos en los que se miraron a los ojos y apenas conversaron. Aquellos cinco minutos se alargaron dos años hasta hoy, el día en que ella había decidido acabar con la gran falsa relación amigo de ex novio - ex novia de amigo, así que decididamente aparcó su Fiat rojo en el nº 54 de la calle Cervantes a las siete y cuarto exactamente y armada de valor subió las escaleras hasta el 3ºB mientras en su cabeza se desarrollaban una serie de escenas posibles una vez llamase al timbre y se vieran por primera vez después de tantos meses. ¿Le contestaría el pesado silencio y tendría que irse apenada y desilusionada de allí? ¿Le saludaría amablemente Donnie y la haría pasar acompañando su contoneo al caminar con la mano sobre su cintura? ¿La mandaría de vuelta a casa con frías palabras?
En lugar de todo eso, su cara de indiferencia le resolvió las dudas con un inexpresivo -Bah, Lorie... y se quedó de pie tras la puerta después de que ella se sentase en una de las incómodas sillas de madera del salón.

Entonces después de un cortante y filoso silencio Donnie le respondió a aquella figura de metro setenta que cada vez hablaba con menos distancia entrambos.
-No tengo idea de dónde sacas todo eso pero te diré que te equivocas antes de que te precipites a crear más historias ficticias y absurdas de ninguna parte. Y tienes razón, llevas demasiado tiempo aquí- Se dirigió hacia la puerta de la calle y fue a abrirla cuando algo le agarró del brazo impidiendo su avance-. ¿Eh? ¿Se puede saber que diablos haces? Ya puedes decirme quien te ha dado permiso para tocarme porque yo desde luego no. Aparta. Y su voz decapitó a Lorie en ese justo instante pues hasta el aire que apenas entraba por el hueco de la puerta salió despedido y atemorizado con la ira de aquellas palabras.

- Estoy enamorada de ti, eso es todo lo que sé.
Algo hizo flaquear al chico de pelo caoba y le recorrió todo el cuerpo. (Yo también) Se dijo a sí mismo clavándose un puñal y partiendo su teñido corazón renegrido.

- Vete. Ya. Ordenó vehementemente.

Y sus brazos rodearon la cintura de la chica muy opuestamente a como ella lo había imaginado. Había en su gesto violencia, ternura, languidez y tristeza. Dirigió sus pasos hasta la puerta y tras calcular una prudente distancia desde la muchacha y dicha puerta, la cerró en seco, dejando tan sólo el sonido de sus pasos alejándose al otro lado. Unos pasos tan graves como el terrorífico abandono.


jueves, 6 de agosto de 2015

Fragmento de Abzurdah de Cielo Latini

"Siempre me entretuve con actividades que no les gustaban a otros. Supongo que por eso fui y soy solitaria (ahora menos que antes y antes más que ahora). Todo lo que siempre hice dependía exclusivamente de mí: nadaba sola, jugaba sola, bailaba frente al espejo, leía, escuchaba música en mi walkman, etc. Nunca pude compartir una actividad. Nunca necesité compartir una actividad. Supongo que prefiero hacer
las cosas sin ayuda, sola. No me gusta que me molesten, que alboroten mi concentración, que me disturben.
Aprecio más que nada mi vida interior, mi exquisito mundo privado, aquel que aunque quisiera no podría explicar. Es tan fructífero, es de tantos colores y tiene tantísimos matices que no se podría entender la dimensión ni la importancia que yace en ellos. Quisiera explicarlo. Quisiera que mi ocio tuviera sentido para la sociedad: y sin embargo soy condenada. Sé que ahora no entienden, pero ya van a entender. En algún momento mis compañeras del colegio tampoco entendían por qué cuando me decían “estás ojerosa” yo contestaba con una sonrisa cansada pero brillante. Y quizás siguen sin entenderlo; a decir verdad, me cansa tener que explicarle todo a la gente."

lunes, 18 de mayo de 2015

El nuevo mundo de M.

Durante una de las muchas noches que M. pasaba en vela, le sobrevino una claridad a la mente, por fin había descubierto la verdad, su verdad. Rápida aunque torpemente agarró uno de sus manoseados lápices y buscó impaciente su libreta. La abrió y en una página aleatoria comenzó a escribir. Durante el largo tiempo que le llevó someter sus pensamientos al raído lápiz sintió calor, frío, alegría, tristeza... Era un huracán de sentimientos lo que su corazón y su mente estaban manifestando. Canalizó toda aquella energía azarosa y vertió aquellas palabras en el papel.
En él se leía:
"He encontrado una nueva forma de sangrar sin que nadie pueda advertirla, he localizado la dirección adecuada hacia donde debe dirigirse el viento. Estoy entendiendo que el sabor dulce de la mentira cura la espinosa raíz de la verdad, nada es lo que parece y todo parece tan real. Debo mantenerme firme y buscar cobijo en un lugar que no existe, alguien me guiará a través de todo el trayecto para alcanzar la meta deseada, la felicidad, aquella que está infectada de bacterias y lágrimas. Los caminos se confunden y yo los aúno para que los daños colaterales queden ocultos y pasen desapercibidos. Seré más inteligente que los demás y sobrepondré mi estrategia ante aquellos que desafíen mi vida. Memorizaré cada palabra en mi mente, analizaré las palabras oportunas y expondré un discurso mesurado y calculado, nada deberá salirse de lo correcto, todo deberá de quedar en su sitio y habré de obtener el resultado esperado o de lo contrario habré de cambiar la técnica y agudizar mi astucia.
He aprendido la forma de hacer real el falso sueño que me adormece. He descubierto nuevas maneras de entregar mi amor al acero sin perder la costumbre de la delicadeza con la que lo trabajo. Ahora entiendo más a las personas de mi entorno y sé cómo debo de actuar ante ellos. Me marco una meta, la alcanzo, marco otra, la supero y así hasta llegar al cielo, tocar a los ángeles y hacer feliz a quienes me valoran y volver a mi hogar para seguir moldeando el camino acertado que no es otro que el que habita en la memoria.
Pero ahora que ya lo sé todo, ahora que nadie podrá pararme, aprovecharé cada segundo para lograr lo que me proponga sin dejar de ser una mujer de los pies a la cabeza. Me verán bién, me querrán, sus rostros lucirán alegres ante mí y mientras, yo trabajaré duro hasta ir más allá de los límites de mi cuerpo y de mi alma, hasta alcanzar lo que la cordura no entiende, con un puñal de acero entre los dedos y una pluma con tinta de sangre entre los labios."

Súbitamente M. soltó todo lo que tenía en las manos y cayó en un profundo sueño. Vacía, nueva.

domingo, 8 de marzo de 2015

La locura

Contemplamos a un hombre sentado en un despacho desordenado, a la derecha una lámpara de escritorio con luz tenue ilumina la mano de este hombre en la edad madura. Está escribiendo sobre un cuaderno sucio de tapa negra con una pluma de tinta azul. Se puede discernir lo que está escribiendo:
"Para algunos de estos vencidos, Dios es como un volcán que dispara lava a los ojos de la gente, un disparo contundente en el corazón que hace de la vida un naufragio permanente. Dios no existe, dicen. Dios es un proxeneta que domina nuestras vidas a su antojo, una balada triste que no conoce perdón ni misericordia, dios no existe para aquellos que no creen ni en su propia existencia."

Más tarde sale de su despacho, apaga la luz y se dirige a una de las salas contiguas, dentro podemos comprobar que es una sala de experimentación, el científico entra y cierra la puerta introduciendo el codigo de seguridad, se coloca una bata de color blanco y examina exangüe a la última víctima del día: un hombre adulto de mediana estatura, está recostado sobre una camilla de hierro con una serie de artilugios a la derecha de ésta. Este científico del que conocemos su nombre gracias a su tarjeta de identificación: Israel; poniéndose unos guantes de látex amarillentos pasa su dedo índice por la zona craneal de la víctima. Una recortada y tersa barba se erguía sobre su mentón. Pasa su dedo ahora por la clavícula deslizándolo hacia abajo, recorre suavemente el vientre y se detiene bruscamente en la zona genital descubierta. Para este científico un tanto encolerizado por el horario del día esta víctima es un perfecto rendido, es algo con lo que puede descargar sus energías irritadas. Se dispone a tomar en su mano una ballesta utilizada como evidencia para examinar el efecto de la descomposición de la madera en condiciones extremas. Exhibe una mueca de demencia e introduce el arma en el ombligo del cuerpo sin vida. Insiste hasta que de una grieta en la epidermis brota un chorro de sangre continuo. Dios no existe. No puede dominar la situación, la ciencia se encarga de ser el artífice para la humanidad como lo es dios para los creyentes.
Recuerda en su mente el sonido de la explosión de una granada desmembrando cuerpos, el temor de unos rehenes durante un atraco de arma blanca y se regodea. Es un desertor más y disfruta con su traición, disfruta de tal manera que irrumpe en gritos ensordecedores y cogiendo un destornillador de punta plana le asesta varias puñaladas por todo el cuerpo, la acogedora carne cediendo al metal le produce un placer indescriptible. Su ira, su rabia, su furia contenida descargándose sobre ese individuo muerto. Subyugado por el descontrol latente del momento asía unas tijeras de disección y las introduce en el recto de la víctima, le abre la apertura bucal para recrear una mueca de dolor, imagina unos gritos ahogados bajo el punzante escozor. Con rudeza corta el recto, corta la piel, la carne flácida y blanda. La sangre le salpica su blanca y larga bata, se acaricia los labios. Es consciente de su crimen, de su delito, pero es su perdición y goza. Alarmados por los gritos y los ruidos elevados, dos compañeros abren la puerta introduciendo un código y tras contemplar la ruda escena, sonríen con alevosía.

Carta de un alma

Creo que ya es hora de dejarte,  me he cansado de ti,  siempre has estado pidiéndome consejos, yo te los he dado y tú ni siquiera te has molestado en aplicarlos. Has acudido a mí, buscándome cada vez que te ha faltado algo, cada vez que te has sentido sola. Y cuando yo te he necesitado a ti, ¿Dónde has estado? Zafándote de mí, escondiéndote en ti misma, huyendo de la realidad. Me duele mucho tener que abandonarte pero hace tiempo que tú lo hiciste conmigo, a tu fiel amiga, yo que nunca te he dado de lado, yo que siempre he estado en tus momentos más difíciles, y ahora que te digo adiós ni tan siquiera me dejas despedirme, pues no quieres darme la cara. Ahora serás débil y frágil sin mí, me añorarás, rogarás mi presencia y para entonces yo ya me habré ido. Tú estarás vagando por el camino equivocado y no habrá nadie que lo impida. ¡Cuántos momentos hemos compartido!, esas noches en las que nos hemos quedado tú y yo solas, contemplando las estrellas, encontrando soluciones a los problemas, sacando lo mejor de cada una de nosotras, para aclarar los pensamientos más oscuros y, en los más duros momentos, hemos permanecido juntas y hemos estado sobreviviendo a las duras batallas. Recuerdo ese día en el que todos te dieron la espalda; te apartaron y evitaron cualquier contacto contigo, ya fuese físico o emocional. ¿Te acuerdas de la sonrisa que te hice sacar? No me diste las gracias, aunque no te las pedí, pero conseguí que fueses feliz al menos por un momento. Hubo muchos días en los que estuviste llorando pero ahí estaba yo para secar tus lágrimas, tú te desentendiste de mí al día siguiente, yo me conformaba con saber que te hice un bien, sin embargo me hiciste sentir como si mi existencia fuera en vano. ¿Alguna vez me has querido? ¿Acaso he significado algo para ti? Nunca me has respondido a ninguna de mis preguntas. ¿Por que siempre me ignoras? Yo jamás te haría algo así.
Se acabó, estoy derrotada, tú ganas, me voy, alguien me recogerá en el camino, o quizás nadie me quiera y a nadie le importe, tal como tú me has dado a entender. Puede que te haga sonreir el saber que te dejaré en paz por siempre, ya nunca más volverás a escucharme corregirte cuando escojas un sendero equivocado o darte apoyo cuando tengas un mal día, pues por lo que veo, ya no lo necesitas. Espero que no te pierdas en el camino y que te vaya todo bien y sobre todo que nadie te haga daño como tú me lo has hecho a mí. 
Hasta siempre: Att. Tu alma.