martes, 4 de abril de 2017

Adiós a todos, lo siento mucho

Me siento ridícula, soy un retrato esperpéntico de una mala novela Shakespeariana, soy como esa ola que no hace espuma al romper contra las rocas, está fuera de lugar y de escena, se pierde a sí misma en un abismo sin fronteras, devora las costas porque no halla límites. No quedan más batallas, se acabaron en una antigua lid que arrancó pedazos de carne y la comieron los perros. Mi última y definitiva lucha se desvanece lejos de mí, doliendo como la que más, haciéndome ser todo y nada al mismo tiempo. Mi risa es la de Pagliacci en el chiste de Roschard, una daga atravesada en la frente llena de miedos e inseguridades penosas. Humillada ante un público, intento encontrarme en los ojos de la que se refleja en el espejo tanteando sombras para ver pero el vacío responde y araña el cuerpo. Aquel suicidio desacertado fue añadido a la lista, más versos de dolor que no cuentan una mierda, pero ahora palabra a palabra se define mi alma rota y hecha trizas en cada verso que no escribo porque no expresaría la verdad justamente, palabra a palabra se deslíe la intención de la muerte y su ruego. No sé hacer cartas de despedida, nunca salen bien cuando la vida es una hipérbole inconmensurable y de gradación ascendente pero me quedan esos versos que callo y gritan dentro de mí, esos versos que emergerán cuando la tierra me sea leve y el último suspiro suene como una balada de poeta muerta en el desamparo de la soledad prófuga. Sé quién soy pero serlo hace que el jardín más próximo enferme y fenezca, sé quien estoy siendo y quien fallece cada segundo no es el jardín sino yo. He intentado matarme para revivir a alguien más, el amor propio es un crimen porque en mi infancia lo debí asesinar y tantas veces ha sido apuñalado que al recrearlo ya es ficticio. Estoy caminando encima de los bordes de la vida y pierdo el equilibrio por momentos, ya pronto, ya tarde, me puedo caer y la panorámica ofrecida será para un público adulto. Escucho las cicatrices gritarme que las abra y las deje sangrar en paz por siempre pero la humillación sería tan grande que después de cadáver vagaría por la tierra sin rumbo ni lugar, así de mala me acompaña la suerte. Sin embargo qué importa nada cuando pierdes tu esencia y las palabras atragantadas entre nervios te estallan en la cara cuando inconscientemente han sido pronunciadas en momentos de calor mental agitado. Siempre será tarde para mí, para esta poeta que dará su corazón y su cuerpo al mar como su ilustre hizo un gran día cuando el dolor le pese demasiado y no sea capaz de continuar el viaje. Estoy llorando a solas entre sábanas de tristeza, contándole a la oscuridad que estoy tan vacía como completa finjo estar, llorando en silencio a tantos kilómetros de una cariñosa voz que se me hace imposible respirar. Soy lo que ves y lo que intuyes cuando cae la noche en mi morado hogar y no lo puedo cambiar. Pero he sido arrastrada por última vez en esta vida fatal. Espero el día en que las olas me recogerán y halle o no libertad, el dolor por fin desaparecerá o eso quiero creer. Soy una existencia basura, cobarde y vergonzosa indigna de ser contemplada por más ojos que los de la guadaña. Oh qué mal recorre mis venas, qué ponzoña se agolpa en mi cerebro. He evitado tanto pensar para no llegar a esto que he caído en picado sin ni siquiera saberlo. Y aquí frente a la pared que me observa derramo las últimas lagrimas de la vida pues ya no siento que me queden más, el frío hace su trabajo y me aturde en otra noche más de insomnio justificado. Es una mala despedida pero es la verdad que me acompaña, nunca nadie ha visto dentro de mí la certeza de quién soy y nunca nadie la verá pues me tragará la tierra antes. Como la solitaria que siempre he sido, como la muerta que siempre fui.
Perdonadme aquellos a los que tanto quiero, seguid sin mí por favor. No me odies por esto mamá, sabes que te adoro y a ti también papá, os voy a querer siempre siempre. Cuidaos mucho por favor. Os quiero. Ah y si la veis decidle que la amaba.

lunes, 3 de abril de 2017

Poema de un alma errante

Recuerda las flores blancas,
el cianuro de potasio en polvo,
el duerme-bien y otras recetas
mientras vivas para contarlo.

Recuerda las venas abrirse,
el calor y el viento helado,
los cielos siempre grises,
la calma de no sentir nada.

Tu sexo te provoca náuseas;
ahora empieza la putrefacción.
A lo lejos una voz te llama.
¿Será el destino asolador?

Fúndete con las piedras,
enana de la galaxia Andrómeda
ligero meteoro helado
que rompes mi capa de Ozono.

Qué importa tanto ahora
que desnuda me hallo frente a ti
dejada al olvido con manos de telaraña,
espuma blanca que me hizo gemir.

Suena otra vez el piano,
sus notas graves me recuerdan a ti
y sus notas tristes son tan mías...
Dejemos las cosas así.

Un mes de dolencias atroces
un mes de lágrimas por ti
y en el verso el terror no se alivia
ni esta vida que no quiero vivir.

Terrible primavera,
vienes con el dolor a herir mis huesos como si no oliese ya a cadáver que junto a las viejas venas ya no creces, sólo infectas.

Y me devuelves la soledad
nunca antes tan enorme.
Oh yo quisiera irme con el verano
cuando el suicidio es menos cobarde.