viernes, 21 de marzo de 2025

 Paloma soy, de cantar oscuro,

de alas rotas y sin ensencia

perdida en tus labios preciosos,

buscando en tu pecho auxilio

donde se sienten crujir las hojas

de un verdáceo bosque de ninfas.


Donde habita el cuervo alegre,

donde olvido mi propia vida.


Y si te acaricia mi memoria

Soy cascada de la cintura al suelo

y si despiertas mi mariposa

elevas mi conciencia al cielo.


Pero... si te robase de tu alcoba

Y encadenase tu pecho al mío

¿Acogerías mi buena honra

para siempre entre tus latidos?


Y si esta noche besase quieta

el aroma que te perfuma

temblarían juntas mis piernas

sobre un mar de aguas profundas.


¿Y dirías entonces y después

que sigo siendo casta y pura

o asegurarías tu huella en mi piel

para el resto de nuestros días?



Te miré y eras una mácula más

un latido disonante como cualquier otro.


Te volví a mirar y te contemplé desnudo y bello

Como un adonis, un apolo de curvas praxitelianas,

con un alma rota y autocosida

y entonces dedicidas mis pupilas

se posaron en las tuyas, fijas.


Y tal que antes hubo indiferencia

a posterior hubo magnánimo fuego

porque entendí que era tu llanto

el motivo de mi desvelo

y era tu risa encantadora

el sonido de mi anhelo.


Y ahora que ya no le temo

a esta verdad delirante

a veces canto serenatas

que intentan acunarte

desde mi cama atormentada

exhausta de ansiar besarte

y te busco como la orilla a la playa

y te siento crecer en mi pecho.

Y por mucho que desisto

se enferma de amor mi cuerpo.


Pero supongamos que no te quiero

para que este amor duela menos.



Si vas a morderme la lengua
llévatela contigo, escóndela bien lejos
y más valiera que no la encontrase.

Si vas a arañar mi espalda
haz que bailen en ella cuchillos
y no te dejes ni un poquito
que si me das el chance
dejo tu esqueleto vacío.

Si vas a lanzarme llamaradas
es mi deber aconsejarte
que  no dejes ni el pellejo
y te pido que sea lento
mientras puedas.

Si vas a hacerme daño
recuerda que el destino
señalará tus hombros
y pondrá una vía de sangre a tus pies
y tendrás que andar por ella
y te ahogará el viento
mientras corres hacia ninguna parte
porque de ti nunca podrás huir
ni de tu sombra ni del tiempo.

Así que te aconsejo, insecto de Dios,
quítame el aliento antes de que lo haga yo.


Tiene la niebla dos espadas:
Una penetra la carne muerta,
la otra hiere el cuerpo vivo.

Yo soy esa niebla, tú eres mi espada
eso es todo en el mundo del castigo.

Pero te amo y por eso te duelo
como el grito ahogado de algún perro,
y en las anchas llanuras del sol
nuestras lides son apenas leyendas.

Tú empujas el carro de fuego
y yo hostigo tus anchas espaldas
y te ordeno matar a los dioses.
A mis pies hay cabezas y estacas.

Tiene la niebla dagas de acero,
entre los juncos de la noche se disparan
y atraviesan el corazón del hombre
sajando su claridad meridiana.

Blanco candor infantil
trae consigo filosas navajas.
Hoy es el día, amor,
sembremos infierno en cada rincón
que ya las armas conocen el redil
y este mundo es de los dos.

Vasta esperanza que del río emanas
sangre inocente y huérfana
tú que hablas sin lengua
y sin pies caminas
y alivias la vida del más desgraciado.

¿Quién te acoge entre sus brazos,
quién roba aquello que anhelo
y te hace presa de un amor inmerecido?

Por favor, acuna mi pecho, te suplico.
Pues no hay suspiro más puro que el mío
Ningún cabello se enredaría más fuerte a tus ojos.
Ningúna hallarías más nívea que yo
para opacar con tu seda de araña
todos los males de este mundo atroz.

Me arrastro de rodillas, no sé caminar
y te busco desesperada, vivo en la basura
mientras lames la herida de quien no te llama.

Acuna mi dolor, ponle presto el velo
Que nadie te hallaría más alegre que yo.
Lléname, esperanza,
quiero beber de tu vientre ilusiones
y succionar los fluidos de tu cuello
que me libren de este erial de muerte
y eleven con dulzura desmedidas pasiones.




Quiero cubrir de rosas las frías sábanas,

hacer de esta primavera un mural

al viento cantar como ninfa solitaria,

sobre la bruma cimentar un hogar.


Quiero salir al bosque desnuda

gritar entre risas y hierba mojada

porque frágil soy y a la liviandad me debo

como pluma que cae con peso ligero.


Quiero navegar en el ancho mar

que mi timón se rompa y no hundirme,

saberme viva, no andar sobre mis huellas,

batir alegre estas alas de cisne.


Lanzar al aire una mochila de piedras

y caminar sin rumbo hacia la luz.


Tanto que podría abrir mi pecho

y cerrar la herida que abriste tú.


A quién tan joven

pertenece esta rosa.

Cuál niña mira a través del espejo.

La cubren auroras, arboladas perfectas

pero al mirar su rostro, súbita tiemblo.


Para qué existe el muro

donde cruza la orilla

el gusano de seda

que se come mi vida.


Están paradas y quietas

rezongan, se vuelven abruptas

mis ganas de cruzar pupilas

y casi se abre la flor desnuda

a tu súplica de acabar el collar

que rasgue fuerte la garganta

y dirija este suspirar

hacia una inmensa guadaña.


Pero está la niña de ojos grandes

ahí sentada frente al espejo

escucho bien sus bondades

y al acercarme casi me dejo.


Nada quiebra este relámpago

de actitudes mal encaradas

frente a la vid del deseo blanco

buscacorazones entre sus ramas.


Y no haya tallo, tampoco pulpa,

pero te arruya

como un mar horrendo

y te sienta junto a la estufa

y sabe tuya

la tempestad dentro.


Ayer abrí uno de mis cansados ojos

y allí estaba, yo sentada

o era la niña, yo ya no sé

pero los segundos fueron abrojos

y no pude huir ni tampoco ver.










Una y otra vez...






Eso que pasa, es tu muerte.

El tiempo navega

en una enloquecida senda,

como un eco infinito de angustia,

con las túnicas descosidas,

arrastrando un inmortal bramido,

avanzando inexorable

entre las grietas del desánimo,

permaneciendo inquebrantable,

agotado tu hálito.



Ecos de tu pasado te envuelven,

hilos abiertos, maltratados,

deshaciéndose en la nada,

donde todos duermen.



Sin respiración,

nadando en las lagunas

de la nada inmensa,

insondable en tu viaje.


Todo ha de pasar:

tu cuerpo se pudrirá

pero las calles que vieron

tus pieles níveas

permanecerán.


El dolor emprenderá el vuelo,

y el devenir de los días quedará:

el árbol frondoso,

el calor del estío,

que en otras pieles arderá;

las hojas de otoño,

envejeciendo los bancos,

la nieve, el frío

que congela los campos.



Tu vida será recuerdo,

memoria de otro cuerpo,

esencia del pasado.

Finalmente desaparecerá

y las raíces cubrirán tus huesos.


No habrá huella tras tus pasos

que vele tenue tu partida.

Se olvidarán las caricias,

se agrisarán los días.



Sin embargo, todo permanece:

las calles sucias, las gentes,

el inclemente tic-tac perpetuo;

El ruido, el viento

el olor a mugre y orín.


Habrá otro suspiro ahogado,

un alarido que cae al vacío,

una chispa de luz apagada,

habitando siempre el mismo ciclo,

una y otra vez...



domingo, 16 de marzo de 2025

Lejanía y letargo

 




En las manivelas del sueño,

en los cementerios de estrellas,

la nube de la conciencia

llama a la caricia

que rueda sin cesar,

que nunca tropezará

con manos suaves de hada

pues la bruma es su alimento.



Arriba queda la luna

abajo apenas su brillo

que viaja hasta tus retinas

ilumina todo tu espíritu

y al marchar, deja una cáscara al viento.

Porque polvo somos

y después cemento.



Mientras miles de vidas se suceden

y tú observas, atenuado un mundo

sepultado en risas y llantos

tu cabello se aclara y te muerden las pieles.

Tras de ti, como escapando

tus recuerdos se alejan

y te abraza eterno

entonces

el descanso.

A mi héroe








Días de ilusiones

noches de calma

como lo es tu abrazo

o tus ásperas palmas

cuales tanto añoro

y secaban mis lágrimas.


Vida me dio,

vida me da,

aquel a quien los dioses

decidieron besar con su beatitud

pues lleno de gracia tú eres.

Bendito el ángel

que mi espalda resguarda

pues en el camino del bien

tus brazos aguardan.


Que vengan las sombras

y me acojan en su maraña

de tormentas estivales.

Ninguna pues ha de socavar

en sus afilados alambres

la unión de nuestras almas.


Me faltan segundos de vida

me faltan más de cien primaveras

para que entiendas:

Si volviera a nacer otro día

te buscaría, mi gran héroe,

y exigiría con los puños al cielo

 que fueses de nuevo mi padre,

para a pesar de todo el dolor

que aturde en la vasta distancia,

sentir de nuevo que puedo abrazarte.